El último viajero
La locura de esta vorágine en que estuvimos metidos durante décadas, estaba previsto y avisado que no duraría mucho, los combustibles llegaban a su final y aquellas moles de edificios interminables dejarían paso a un vacío como nunca fuimos capaces de imaginar.
Y alguien sería el último viajero, la última persona que las utilizara, sembrando de ausencias sus largos pasillos vestidos de olvido.
Cuidado, nos observan
Ha terminado la tormenta y docenas de gotas de lluvia de todas las edades y tamaños se han quedado asidas al cristal observándonos desde la ventana.
No te muevas. Parece que esperaran un milagro que las salve antes de que se terminen sus fuerzas y caigan definitivamente o vuelva el calor que las evapore.
Fotografía: Antonio Domingo
Pureza
La naturaleza tiene una riqueza tan desbordante que es capaz de crear escenas como esta, en la que una simple flor transmite una serie de emociones tan profundamente que llegan hasta el propio corazón.
En este caso la pureza que emana la convierte en una imagen con una belleza, una límpida y elegante belleza, de tal magnitud, que me deja absorto hasta conseguir que empiece a percibir sus aromas desde aquí.
Fotografía: Antonio Domingo
El poderoso Danubio
La mar es mi amor al que no puedo dejar de visitar cada poco para sentarme a su lado a escuchar los susurros con que habla, y mi alma sufre cuando pasa demasiado tiempo sin hacerlo, pero el Danubio causó una impresión en mí de tal magnitud que estuve quieto, silente y absorto durante mucho tiempo, sin moverme apenas, observando la inmensidad de su grandeza.
Un poderoso e impresionante Danubio, y al fondo, el puente de la Libertad, por supuesto en Budapest.
Fotografía: Antonio Domingo
Guiñándonos un ojo
Como si quisiera decirnos que calla la complicidad de verse fotografiada, nos hace un guiño de madera que nos alegra el día.
Fotografía: Antonio Domingo
La soledad de tu ausencia
Cada día regreso a este banco a la misma hora en que vi por primera vez tu rostro, con la esperanza de que estés ahí, de encontrarte en el mismo lugar como si el tiempo nos devolviera a aquel instante.
Ya me he armado de valor en estas semanas para poder decirte que tu mirada me embriagó y la resaca que me ha quedado aun no he sido capaz de superarla. La fría soledad de tu ausencia se ha instalado en mi recuerdo y parece que nieva en los caminos donde te espero.
Fotografía: Antonio Domingo
El 16
En la sencillez de las cosas sencillas se queda mi mirada presa,
y en la majestuosidad de lo básico se queda mi memoria anclada.
Fotografía: Antonio Domingo
Un cielo de fuego y oro
La tarde de Madrid empieza a encontrarse perezosa y cansada mientras la noche grita diciendo que se está despertando repleta de energía. Entretanto el cielo se viste de fuego y oro para celebrar su relevo y la ciudad asiste maravillada al espectáculo de luz y color con que se vestida.
Una belleza difícil de igualar y digna de ser reflejada por cualquiera de los mejores artistas de la historia de la pintura.
Fotografía: Antonio Domingo
La maña del pescador
La imagen de un pescador limpiando sus redes y extrayendo los peces que ha conseguido capturar en ellas, es la imagen viva de una lucha entre el hombre y la propia naturaleza, una lucha de poder, de supervivencia, una muestra de energía diaria en la que no siempre todo lo que se cuentan son victorias, sino que en muchas ocasiones se tornan en verdaderas tragedias, pero que si culmina felizmente es un triunfo que no por cotidiano deja de ser admirable.
Sus manos nos dejan ver esa piel curtida por los elementos, por la tarea diaria de confrontación con la dificultad y los elementos.
Fotografía: Antonio Domingo
El tiempo detenido
Evidentemente no hace falta explicar que esta foto pertenece a Roma, una ciudad que imapcta de tal manera que es dificil no querer regresar de nuevo.
Su historia no requiere ningún tipo de explicación, pero observar determinados lugares de esta majestuosa ciudad deja una sensación de sobrecogimiento dificil de borrar, pues estar delante de esas ruinas, de esos trozos de historia viva es como observar una fotografía en la que el tiempo se ha detenido como si se tratara de una película y el fotograma se negara a desaparecer aun a pesar de su tremenda carga de siglos.
Tres columnas que han desafiado y vencido al ataque sistemático de los elementos, y se nos muestran orgullosas en todo el esplendor con que las ha ido puliendo el propio tiempo.
Fotografía: Antonio Domingo
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